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  Wunderkammer  
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Un forzado adiós


Y todo se llenó de luz, y ahí, donde el blanco se había hecho a contraluz, donde las sombras se deslizaban por las paredes como siluetas de la antigua china... Ahí, justo ahí empezaron a renacer. Entre los amasijos de los nuevos tiempos encontraron un hueco donde comenzar su gestación. Resurgiendo así, como el miembro amputado que tanto echamos de menos, creyendo aun en su permanencia a nuestro lado, pues su dolor nos recuerda que ha estado junto a nosotros. Bien, pues así, con desconsuelo y fuerza, resurgen las bestias de la nueva era.

Grandes animales, de aspecto sobrio y taciturno crecen por doquier mostrando sus recientes extensiones articuladas. Nuevas extremidades para forjar el carácter pesimista de los nuevos tiempos. Hablamos, pues, de bestias que mutan para adecuarse al medio en el que, a causa del egoísmo humano, les ha tocado vivir. Regentan nuestros pasados bosques y ciudades convertidas ya en amasijos de imprudencia y desconsuelo. Paisajes grises y de naturaleza muerta rodean el nuevo hábitat casi inhabitable que estos grandes, enormes, monumentales animales deben consumir.

Y de fondo se escucha una suave melodía de trompetas y violines. Unas dulces notas musicales que dan rienda suelta al alocado ímpetu que unos músicos dejaron antes de partir.

Se deslizan por sus cabezas, por sus extrañas extremidades, por sus patas, por sus cuerpos, flotan en el aire dejando tras de sí una leve brisa de entrañable melancolía. Y la atmósfera se empieza a tornar de un tono anaranjado, casi ocre, de un rojo casi granate. Cielos opacos y superpoblados, donde las nubes no dejan ver el sol, donde ya no hay cabida para los tonos verdes de los antiguos bosques que poblaban en un antaño los paisajes de nuestros flamantes amigos. Una espesa niebla empaña nuestra vista y nos adormece, les adormece, les priva ya de su naturaleza animal y los mece en una cuna invisible de pesimismo y sobriedad.

Todo está somero, la bravura de las mareas ya no tiene cabida aquí. No vendrán más días de campo ni miradas de sol al abrigo de un olmo. No, ya no tendremos esos días.

La inspiración que nace fruto de la naturaleza dio su último suspiro de vida bajo el irremediable brazo de la inconsciencia humana.

Entonemos, pues, un triste adiós para el arco iris que tantos ojos ha alegrado en su muestrario postormeta. Lancemos, entonces, un duro adiós a los días de pesca junto a mi padre. Otorguemos, sin remedio, un forzado adiós a las tardes de invierno que he gastado sentada al pie de la ventana escuchado la lluvia morir. En definitiva, con pena y pesadumbre, rindamos un obligado adiós a todos aquellos pequeños instantes que nos hacían una vida digna de ser amada, querida, gozada...

Ya no habrá más dibujos, de esos rápidos, que se hacen con el dedo en un momento sobre un cristal lleno de vaho. Ya no más rojos, verdes, amarillos, naranjas, morados ni todos los demás colores que me queden por incluir dentro del imaginario que reúnen todos los árboles frutales del universo.

Y nacen con fuerza, y crecen con inquietud y miedo, pero nacen. Ya no queda nada en el mundo que pueda truncar su fiesta de bienvenida. No hay mucho para ellos, ni tan siquiera el miedo de antaño, cuando corrían peligro de extinguirse. Ya no lo sienten, ya no lo temen porque ya lo han pasado. Ahora resurgen con bravura. Sus nuevos apéndices les dan cobijo en este nuevo mundo y les ayudan a recrear un nuevo ciclo de vida, donde los errores de un pasado oscuro no tendrán lugar.

Ya no llorarán más la pérdida de ninguno de los suyos a manos de algún cazador desalmado. Nadie teñirá de negro sus mares ni quemará sus bosques. Ya nadie pisará sus parcelas, arrasando con todo cuanto conocen para el negocio lucrativo de algunos. Los cielos empezarán a ceder ante ellos, dejando atrás los vapores de ciudades viciadas por el mal uso, y mostrarán de nuevo su carácter alegre. La plantas comenzarán a trepar cubriendo con un suave y dulce manto de pureza los errores de los humanos. Todo se regenerará.

Agua que todo lo purifica, que todo lo limpia, arrasa con todo cuanto les estorbe, dales una oportunidad y no nos guardes rencor. Fuimos egoístas, lo sé. Fuimos desalmados y sólo vivíamos para nosotros, también lo sé. Y qué puedo decir, cómo poder excusarme, cómo poder hablar de nuestros motivos cuando no los teníamos. Creíamos que seríamos eternos, jugamos con una longevidad que se nos antojaba infinita sin tener en cuentan las represalias. Fuimos simplemente humanos...

Y qué puedo decir, si no tengo palabras para poder expresar el arrepentimiento que siento. Quizá un 'lo siento' estaría bien, pero creo que seguiría siendo poco. Aun así, lo siento, lo siento, y a quien llegue, lo siento.

Todo está bien, todo está tranquilo, todo está preparado. Salid de las cuevas, de vuestros escondrijos, de vuestras madrigueras, salid sin temor alguno. Ahora os toca a vosotros...si pudierais ver lo orgullosa que me siento al veros renacer de entre nuestros errores. Si pudierais calcular el peso de mis lágrimas al contemplaros, entenderíais mejor mi lamento.

Y todo se llenó de Luz, y esa luz dio paso a un nuevo mundo, a una nueva era, bosques poblados de animales mutados y llenos de vida para continuar con el cortejo de un nuevo mundo.

Y así, con tan dulce renacimiento, despertaron las bestias de la nueva era.